Hermosa madre blanca que me dices con tu manto, que me guías como un ángel que me protege en todo momento. 
Te pido, te ruego y me arrodillo ante ti para suplicarte por trabajo. Ayúdame a terminar con las envidias que me han impedido crecer como nuestro padre eterno lo ha designado. 
Sé muy bien que con tu guadaña cortarás toda clase de envidias y con tu amor misericordioso, estarás cerca de mí y me permitirás crecer en mi trabajo, mis negocios y todo mal quedará atrás.

Santísima muerte, bendice mi jornada de trabajo y permíteme siempre contar con el sustento necesario para cuidar a mis seres amados, tener para mis necesidades básicas y siempre tener una veladora encendida para ti, santísima muerte amada.

Qué el éxito sea latente en mi vida y la prosperidad esté conmigo siempre, gracias niña blanca por escuchar mi petición, te amo con toda el alma y nunca me olvidaré de todo lo que me das.
¡Amen!, ¡Amen!, ¡Amen!